BIOgermicide no nació en un laboratorio.
Nació de una preocupación personal.
Juan José Caravaca, CEO y fundador de KeepCool, convivía con una realidad que cambió su manera de entender la calidad del aire: un familiar cercano necesitaba vivir en un entorno extremadamente limpio y controlado para proteger su salud.
Lo que comenzó como una búsqueda personal terminó convirtiéndose en un desafío tecnológico. No se trataba simplemente de fabricar un purificador más, sino de desarrollar un sistema capaz de trabajar de forma continua, segura y eficaz en espacios donde la calidad ambiental podía marcar una diferencia real.
Tras años de desarrollo, pruebas y mejoras, nació una tecnología propia basada en filtración avanzada, luz UV-C y control microbiológico ambiental. Durante la pandemia de COVID-19, aquella tecnología dio un paso decisivo: fue validada por un laboratorio independiente para la eliminación de la cepa SARS-CoV-2, demostrando su capacidad en uno de los momentos más críticos a nivel sanitario mundial.
Pero la historia no terminó ahí.
El equipo empezó a despertar interés en la industria agroalimentaria, especialmente en el sector cítrico, donde las pérdidas por hongos y podredumbres durante el desverdizado y almacenamiento suponían millones de euros cada año. KeepCool adaptó la tecnología para ayudar a reducir la carga microbiana ambiental en cámaras frigoríficas y salas de procesado, contribuyendo a mejorar la conservación y reducir desperdicios.
Con el tiempo, BIOgermicide evolucionó hasta convertirse en una solución diseñada para toda la industria alimentaria: carnes, pescados, frutas, verduras, huevos o productos elaborados. Hoy, su objetivo sigue siendo el mismo que impulsó aquel primer prototipo:
Proteger lo más importante.
Proteger la salud, proteger los alimentos y ayudar a construir una industria alimentaria más segura, eficiente y sostenible, donde reducir desperdicio también significa respetar el trabajo, los recursos y el futuro.